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El motel de paso cobra distinto, cierra turnos distinto y aguanta noches en las que no hay nadie más que el recepcionista. INNKEY está hecho para esa recepción, no para la de un resort.
El huésped llega sin reserva, a cualquier hora, y quiere entrar rápido. Paga en efectivo la mayoría de las veces. No siempre da su nombre. El turno cambia a las tres de la mañana y quien entra tiene que recibir una caja que cuadre al centavo, sin discutir con quien sale. Y una noche de cada tantas, el internet del predio se cae y nadie viene a arreglarlo hasta el día siguiente.
Ésa es la operación para la que está hecho INNKEY México. No es un PMS de resort al que se le agregó una tarifa por hora: la renta por bloque, el arqueo ciego y la cola offline son piezas de la arquitectura, no opciones en un menú de configuración.
El mismo cuarto se vende de tres formas y el sistema no te obliga a elegir una:
| Modalidad | Cómo se cobra | Qué resuelve |
|---|---|---|
| Por bloque | Un precio cerrado por un rango de horas — el clásico «4 horas». | Es la venta más frecuente del motel de paso y la que más rápido se captura: un toque y el cuarto queda ocupado con su hora de salida. |
| Por hora extra | Al terminar el bloque, cada hora adicional con su propio precio. | Evita la negociación en el mostrador: la hora extra ya tiene tarifa y queda en el folio, no en la memoria del recepcionista. |
| Por noche | Tarifa de estancia completa, con hora de salida del día siguiente. | El huésped que se queda a dormir y el cuarto que se vende a una OTA o al canal directo entran por aquí, sin un catálogo aparte. |
El calendario de tarifas es por fecha: puedes tener un precio de martes y otro de sábado, o subir el bloque en un puente. Lo que no hay todavía es tarifa dinámica automática — los precios los pones tú. Preferimos decirlo aquí.
El turno se cierra con arqueo ciego: quien entrega cuenta el efectivo sin ver cuánto debería haber. El sistema compara después. Si sobra o falta, la diferencia queda registrada con nombre, hora y monto — no se «ajusta» y se olvida.
Cada movimiento sensible deja rastro en la bitácora: quién abrió la caja, quién cambió una tarifa, quién canceló una estancia y a qué hora. Cuando el dueño pregunta por qué faltaron ochocientos pesos el martes, la respuesta existe.
La mecánica completa, paso por paso, está en la guía cómo cuadrar la caja de un motel.
Es la diferencia que más se nota a las tres de la mañana. Toda operación se escribe primero en el dispositivo y se sube sola al volver la red. Con el Local Hub en sitio, las tablets le hablan por la red del hotel y la operación sigue completa: check-in, cobro y cortes. Sin Hub, lo que captures se guarda y se sincroniza después, pero no vas a poder consultar información fresca.
Por eso el Hub es la pieza que recomendamos a cualquier propiedad que opere de noche. Cómo funciona por dentro está en el PMS sin internet.
El valet abre una sola pantalla —«Autos en la casa»— con placas grandes, modelo, color, conductor, habitación y hora de salida, ordenados por quién se va primero. Arriba, la cola «Piden su auto» por antigüedad, con la hora literal de la petición y un botón para cerrar: «Ya lo entregué», que guarda quién lo entregó y no pisa la entrega de otro.
El huésped lo pide desde el QR de su comprobante de check-in, sin app y sin llamar a recepción, y al valet le llega el aviso al teléfono con la app cerrada. La cadena empieza en el mostrador: lo que se captura al entrar —placa, modelo, color o «llegó en vehículo»— es exactamente lo que el valet ve y lo que el huésped puede pedir.
Das de alta cada medidor —el general, el de la lavandería, el de la torre— y capturas lo que marca el aparato. El consumo lo saca el sistema restando contra la lectura anterior: nadie hace la cuenta a mano y nadie la hace mal.
El reporte reparte el consumo y el costo del recibo entre las noches-habitación vendidas: cuánta agua y cuánta luz cuesta cada noche que vendes, que es el número con el que se decide si conviene subir la tarifa o cambiar el bóiler.
Ocho trabajos de fondo corren sin que nadie toque un botón: cierran como no-show las reservas que no llegaron —al terminar el día del hotel, cada propiedad con su huso— y sueltan su habitación; liberan el cuarto de un checkout web que nadie pagó; sueltan los apartados de canal vencidos; cancelan el pedido del QR que cocina no atendió y devuelven sus insumos; borran las fotos de identificación al vencer su plazo; corren el barrido continuo de la PUI; entregan los webhooks pendientes; y renuevan solos los certificados de los Hubs.
Un inventario que se libera solo es dinero que no se pierde: el cuarto que nadie soltó a mano es el cuarto que no se vendió esta noche.
74 temas en 12 secciones, con buscador y filtrado por el rol de quien lo abre, y con capturas de las pantallas de verdad. No es un PDF que alguien tiene que encontrar: se abre desde la pantalla donde está la duda.
Y funciona sin internet, que es justo cuando hace falta: el manual va empaquetado con la app, no descargado a demanda.
Treinta minutos por videollamada con tu propia operación: check-in, corte de caja, restaurante y reservas web. A la mitad apagamos la red y seguimos.
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